jueves, 16 de noviembre de 2017

"La Librería": La humildad frente al poder

Desde el inicio de su carrera Isabel Coixet se ha caracterizado por su manera íntima y personal de contar historias, yendo muchas veces a contracorriente: Rueda una película en Estados Unidos con el mejor sabor del cine independiente, Cosas que nunca te dije (1996), luego un filme romántico como hacía tiempo que no se hacía, A los que aman (1998) o enmarca una historia muy especial en un espacio peculiar y reducido en La vida secreta de las palabras (2005). Estos títulos y otros más marcan además su vocación internacional, aunque siempre con modestia y un poco de ambición.

En La Librería, su nueva película, se rodea de un reparto muy sólido para contar una historia llena de sentimientos, buenos y malos, y muchos libros, basándose en la novela de la autora británica Penelope Fitzgerald. El personaje principal, lo encarna Emily Mortimer, que maravilló a un servidor desde que la vio interpretar a la bondadosa esposa de Jonathan Rhys Meyers en Match Point (Woody Allen, 2005), aunque ya tenía una gran carera detrás. Su personaje es la bondad personificada y su deseo de ganarse la vida regentando una modesta librería choca con los deseos del personaje que interpreta Patricia Clarkson, quien vuelve a trabajar con Coixet tras títulos como Elegy (2008) o Aprendiendo a conducir (2014), además de volver a coincidir con Mortimer después de Shutter Island (Martin Scorsese, 2010). Su elegancia y educación de cara al exterior contrastan con sus frías y malévolas intenciones. Pero quien, bajo un prisma personal, roba todo el protagonismo es Bill Nighy, visto hace pocos meses en Su mejor historia (Lone Scherfig, 2016). En La Librería está quizás en dos de las mejores escenas de toda la película, la merienda con Mortimer y su enfrentamiento con Clarkson donde da toda una lección interpretativa.

Coixet pone el ojo también en la importancia de los libros en la vida y cómo pueden dejar huella al igual que las personas. Ojo al protagonismo de Ray Bradbury y Nabokov en el conjunto. La Librería es una declaración de amor a la literatura como lugar donde perderse y fomentar la imaginación (y a las cartas como medio para comunicarse) pero también es una crítica a la intolerancia por parte de personas poderosas a las que los libros les importan poco con traiciones inesperadas, de ahí que el final sea algo triste aunque se compense con una escena final llena de esperanza y de la citada huella que se ha quedado en uno de los personajes.

Los aspectos técnicos son muy destacados para lograr una perfecta ambientación de la inglaterra de finales de los años 50 del siglo XX. La fotografía de Jean-Claude Larrieu, asiduo colaborador de Coixet desde Mi vida sin mí (2003) y nominado al Goya por Nadie quiere la noche (2015), es sencillamente perfecta, creando bellas imágenes y la delicada música de Alfonso de Vilallonga complementa perfectamente la intimidad de la historia, mientras que el vestuario de Mercé Paloma remata la recreación de la época.

La Librería enseña una cosa muy actual: Los buenos sentimientos no tienen nada que hacer frente a personas con poder empeñadas en lograr sus propósitos, ante lo que no se detienen ante nada, lo cual es una pena, porque apisonan a gente de buen corazón que lo último que desean hacer es crear problemas.

viernes, 3 de noviembre de 2017

"El secreto de Marrowbone": Jack y sus hermanos

Era de esperar que alguien como Sergio G.Sánchez, que ha escrito los guiones de El Orfanato (J.A.Bayona, 2007), Lo imposible (J.A.Bayona, 2012) o Fin (Jorge Torregrossa, 2012) diese el salto a la dirección del largometraje tras pasar con éxito por el cortometraje, como el escalofriante 7337 (2000) protagonizado por Marta Belaustegui.

Este salto se ha llegado finalmente con El secreto de Marrowbone producido por J.A.Bayona y reparto internacional. Esta película tiene puntos en común con El Orfanato por el ritmo de la historia, los ambientes y el consabido giro final (ojo, no estoy afirmando que sea el mismo). Pero he de admitir que una práctica o juego muy habitual de considerar un filme como la suma de otros dos (por ejemplo: Espartaco (Stanley Kubrick, 1960+ La caída del Imperio Romano (Anthony Mann, 1964) = Gladiator (Ridley Scott, 2000)) se puede aplicar perfectamente. En el caso de El secreto de Marrowbone tengo clarísimo cuáles serían las dos películas que, al "sumarlas" darían el título que centra esta crítica pero desvelaría el truco de la historia que cuenta si lo hiciese. Si bien hay que decir que una vez que se sabe la verdad de lo que ocurre ya todo lo visto anteriormente tiene todo el sentido, no es un título trascendental, simple y llanamente se ve con agrado y el toque lacrimógeno del final a mí no me ha provocado el efecto de conmoverme, pero es simplemente una experiencia personal. 

Las peripecias de cuatro hermanos con un pesado pasado a sus espaldas tienen un aire oscuro y tétrico que contrasta con la luminosidad del lugar en el que viven proporcionada por la fotografía de Xavi Giménez, y la música de Fernando Velázquez cumple con su función de inquietar, asustar y conmover.

En el terreno interpretativo destaca a mi juicio Anya Taylor-Joy, asociada al thriller y al terror desde su aparición en La Bruja (Robert Eggers, 2015) y que continuaría con la fallida (en mi humilde opinión) Múltiple (M. Night Shyamalan, 2016). Su personaje, externo a los cuatro hermanos, es el catalizador de la trama y destaca en el clímax de la película. Por su parte George MacKay, visto en Captain Fantastic (Matt Ross, 2016)  interpreta a Jack, el hermano mayor y es sobre el que recae el mayor protagonismo. Cuando la vean entenderán la razón. Mia Goth, vista hace unos meses en la reivindicable La cura del bienestar (Gore Verbinski, 2016) da vida a la única mujer dentro del grupo de hermanos y su mirada entre cautivadora y perturbadora sigue intacta. También destaca Matthew Stagg, el actor que interpreta al hermano pequeño, dándole un protagonismo que viene siendo habitual en el cine de género en España a los niños, y el cuarteto fraternal lo completa Charlie Heaton (popular por la serie Stranger Things), quizá el que tiene el físico y el comportamiento más rudo pero que se complementa muy bien con el resto de actores.

El secreto de Marrowbone es una película puzzle donde la acción se corta en momentos precisos para dejar un hueco que se completará después. Tiene una buena factura técnica pero el guión, con sustos efectivos incluidos, no deja de sonar un poco a otros filmes anteriores. Pero, como dije antes, se deja ver, y, en estos tiempos, es un valor en alza. 

En el Museo de Bellas Artes "Hoy toca el Prado"

Las personas con problemas visuales de Sevilla aficionadas a la pintura tienen una oportunidad de oro para poder disfrutar de siete obras maestras y apreciarlas en su totalidad. Hasta el 26 de noviembre el Museo de Bellas Artes de la capital hispalense acoge la exposición Hoy toca el Prado.

El título no puede ser más literal ya que los visitantes podrán hacer será palpar totalmente siete obras maestras del arte del lienzo, el caballete y el pincel gracias a minuciosas reproducciones en relieve para apreciar todos los detalles del cuadro en cuestión. La muestra cuenta con el asesoramiento y apoyo de la ONCE.

Un servidor tuvo el privilegio de visitar esta exposición acompañado de Bárbara Rosillo, una de las mejores guías que uno puede encontrarse en esta vida. Sus explicaciones detalladas y completísimas hacían que la apreciación de obras como La fragua de Vulcano de Velázquez, El Quitasol de Goya, El caballero de la mano en el pecho de El Greco o Santas Junta y Rufina de Murillo (la aportación a la exposición de la pinacoteca sevillana) fuesen un placer para los oídos gracias a sus pormenorizadas explicaciones sobre los pintores, las técnicas empleadas, los motivos de cada cuadro o la vestimenta, campo en el que es una gran experta.

Así pudimos saber la importancia de la vestimenta negra en la España de Felipe II gracias al tinte de una planta proveniente de América, el episodio mitológico protagonizado por Vulcano, Ares y Venus o el significado de que un santo sea representado con palmas (significaba que había sido martirizado).

La exposición se completa con un bodegón de Van der Hamen, Noli me tangere de Correggio (sobre la aparición de Cristo resucitado ante María Magdalena) y una réplica de La Gioconda salida del taller de Leonardo Da Vinci realizada por uno de sus discípulos.

Desde este blog animo a todos a que vayan a ver esta exposición que cumple a la vez una gran labor social y cultural.  

miércoles, 1 de noviembre de 2017

"El tercer asesinato": Las caras de la verdad y de la mentira

¿Qué es verdad? ¿Por qué mentimos? ¿En qué nos beneficia hacer una cosa u otra? Todas estas preguntas surgían en mi cabeza a medida que avanzaba el metraje del nuevo largometraje del prestigioso director japonés Hirokazu Kore-eda. Tras centrar gran parte de su filmografía en dramas familiares como Nadie sabe (2004), Still Walking (2008) o Después de la tormenta (2016) gira con El tercer asesinato al thriller con juicio, un género muy reconocible para los espectadores gracias a la gran cantidad de series y películas con esa temática provenientes de Estados Unidos. Sin ir más lejos y de manera inconsciente, se me vinieron a la cabeza Anatomía de un asesinato (Otto Preminger, 1959) y Las dos caras de la verdad (Gregory Hoblit, 1996) y, aclaro, no porque compartan similitudes en argumento o resolución, sino por el ambiente que transmite la película.

Precisamente, historia aparte, El tercer asesinato destaca, entre otras cosas, por lo bien filmada que está, con planos y escenas rodadas a la perfección (los cara a cara entre acusado y abogado, por ejemplo, son ejemplares en lo que a recursos visuales se refiere, ya que le saca mucho partido al cristal que separa a ambos personajes) a lo que contribuye la portentosa fotografía de Mikiya Takimoto. Luego, con respecto al guión Kore-eda juega intencionadamente con el espectador desde el minuto uno presentándonos un crimen y un culpable bastante evidentes. Pero la película se centra más bien en mostrar el entorno personal y laboral de víctima, acusado y letrado, por lo que, cuando crees que vas por un camino te desvías hacia otro. De hecho, hay una parte en la que un personaje se presenta como la femme fatale (por implicación y motivos) que recuerdan a clásicos como Perdición (Billy Wilder, 1944) o las dos versiones de El cartero siempre llama dos veces, curiosamente ambos títulos tienen como base sendas novelas del mismo autor, James M. Cain. Pero, como ya he mencionado, el filme va por otros vericuetos hasta llegar a un final que puede llegar a chocar pero que deja claro que los cambios de proceder de una persona tienen un motivo y el culpable confeso actúa de la manera que lo hace por motivos concretos que hacen plantease cosas a los espectadores.

La película se beneficia de las interpretaciones de un reparto en estado de gracia con el excepcional Masaharu Fukuyama, quien trabajó anteriormente con Kore-eda en la premiadísima De tal padre, tal hijo (2013), Premio del Jurado en el Festival de Cannes incluido. Su elegancia y seguridad interpretando al abogado defensor es apabullante. Lo mismo puede decirse del veterano Koyi Yakusho, con una carrera comenzada a finales de los años setenta y donde brillan títulos como La anguila (Shohei Imamura, 1997) o Agua tibia sobre un puente rojo (Shohei Imamura, 2001) o Memorias de una geisha (Rob Marshall, 2005). Aquí está también espectacular dando vida a un asesino confeso. Y también hay que destacar el trabajo de la joven actriz Suzu Hirose, repitiendo con Kore-eda tras Nuestra hermana pequeña (2015) dando vida a la hija de la víctima cuya relación con el acusado es pieza clave en el guión escrito por el propio director.

Se puede decir en un momento dado, viendo El tercer asesinato: "esta película ya la he visto", por lo expuesto al principio, pero la maestría de Kore-eda hace que, cuando llegamos al final, sintamos que no hemos visto más de lo mismo.

sábado, 28 de octubre de 2017

"Una gata sobre un tejado de zinc caliente": Verdades a la cara y al descubierto

Tennesse Williams estrena Una gata sobre un tejado de zinc caliente en 1955 siendo ya un autor consagrado, conocido por tratar temas controvertidos que en el cine se aligeraban, se mencionaban sutilmente o se omitían, lo que no ocurría en las representaciones teatrales. A esta obra le preceden otros éxitos como El zoo de cristal, Un tranvía llamado deseo, Verano y humo o La rosa tatuada, todas ellas ya llevadas al cine en el momento del estreno de la obra que nos ocupa. Ben Gazzara y Barbara Bel Geddes (la matriarca de la familia Ewing en la serie Dallas) fueron los que la estrenaron y desde entonces se ha repuesto en muchas ocasiones, aunque para el gran público está en el recuerdo la adaptación cinematográfica dirigida por Richard Brooks en 1958 con Paul Newman y Elizabeth Taylor encabezando un reparto que incluía a Judith Anderson (el ama de llaves de Rebeca de Hitchcock), Burl Ives y Madeleine Sherwood (estos dos últimos retomaban los papeles que interpretaron en el teatro).
Marta Molina y Begoña Mestre (Mae y Maggie en la función) Carlos Montenegro

En España se ha puesto en pie esta obra en varias ocasiones, siendo el montaje dirigido por Mario Gas y protagonizado por Aitana Sánchez Gijón y Carmelo Gómez en 1996 una de las más recordados y recientes en el tiempo, y el último que se vio en Sevilla fue el dirigido por Álex Rigola en el 2011 y representado en el Teatro Central. El Teatro Lope de Vega vuelve a albergar un nuevo montaje de esta obra clave del teatro contemporáneo (como muchas de las obras de Williams), esta vez dirigida por Amelia Ochandiano del que un servidor vio en el Teatro Lope de Vega hispalense sus excelentes montajes de La Gaviota de Chéjov, El caso de la mujer asesinadida de Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca y Casa de muñecas de Ibsen, además de la zarzuela La del soto del parral, en el Teatro de la Maestranza.

Centrándonos en este montaje de Una gata sobre un tejado de zinc caliente se puede afirmar que Ochandiano controla muy bien los ambientes y las tensiones que mantienen los personajes. La versión que ofrece a los espectadores tiene diálogos y réplicas crudas y directas, a lo que ayuda la ausencia de la censura que, como muchos saben metió mano en muchas obras teatrales y películas. Al no existir ya desde hace más de cuarenta años en España da la oportunidad de que se muestre a los personajes deslenguados (aclaro que este calificativo no lo expreso con connotaciones negativas) y que ciertos temas como el sexo o las dudas sobre las inclinaciones sexuales se pongan sobre la mesa sin cortapisas. El montaje tiene la virtud, al menos en mi caso de que te olvides de la película de Brooks y eso favorece a la hora de disfrutar y apreciar este montaje teatral.

La iluminación de Felipe Ramos ayuda a los distintos ambientes que se muestran en la obra, desde el cálido que representa el calor interno y el deseo sexual de Maggie hasta el nocturno tormentoso, acorde con las tensiones familiares que explotan mostrando una tormenta externa e interna al mismo tiempo. Por otro lado, la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda reproduce el dormitorio de Maggie y Brick, centro neurálgico de la acción y que muestra dos de los temas de la obra: el sexo y el alcoholismo. Por su parte el vestuario de María Luisa Engel sirve para definir a los personajes: el rojo del vestido de Maggie es otro símbolo de la pasión que guarda en su interior o el verde de Marta Molina sirve para mostrar que es, y permitan que cambie la expresión, un reptil con piel de cordero.

Con respecto a las interpretaciones Begoña Maestre (de gratos recuerdo gracias a trabajos televisivos como Motivos Personales, la segunda temporada de Amar en tiempos revueltos, u Hospital Central) interpreta a una Maggie que es una gata con garra, mostrando a las claras el fuego que le corre por dentro, el arrojo al enfrentarse a sus cuñados y el sarcasmo en muchas de sus réplicas. La escena con la que comienza la obra es prácticamente un monólogo de ella con algunas intervenciones de Brick que ponen de manifiesto en el punto en el que la actriz ha tomado al personaje, saliendo con sobresaliente de una prueba de fuego como es un personaje de este calibre.

El atormentado Brick tiene el buen porte de Andreas Muñoz, una grata sorpresa, porque es un personaje que sabes que va a estallar de un momento a otro y esa aparente pasividad inicial explota sobre todo en el enfrentamiento con su padre, donde expone su dependencia al alcohol y el doloroso recuerdo de su fallecido amigo cuya relación tiene una naturaleza de cierta ambigüedad. Muñoz afronta todos estos matices con aplomo y seguridad, creando un Brick vulnerable pero fuerte a la vez.

La veteranía de Juan Diego y Alicia Sánchez es un regalo para los espectadores, con diálogos explícitos que son hirientes unos y contundentes otros, en donde juega un factor fundamental la preferencia por Brick en detrimento de su hijo mayor Gooper y su fértil esposa Mae (interpretados por José Luis Patiño y Marta Molina respectivamente) los cuales son el ejemplo de la ambición material y de la falta de escrúpulos (sobre todo Mae) a la hora de defender lo que ella considera que en el futuro será suyo y de su marido. Una verdad oculta desvelada finalmente sobre la salud del personaje de Juan Diego proporciona unos momentos de tensión corales en el tramo final de la obra que ahonda en esa atmósfera asfixiante que se vive dentro de la casa a pesar del manto de lluvia que cae en esos momentos.
Juan Diego y José Luis Patiño. Carlos Montenegro

Esta producción de Una gata sobre un tejado de zinc caliente está hecha con oficio, fuerza y la contundencia que el texto de Tennessee Wlliams se merece y sus implicados son conscientes de ello, de ahí el unánime aplauso del público al acabar la función.